Por dónde sigo

No lo sé. Hace tanto tiempo que no escribo por aquí que he perdido el hilo y el ritmo al tipo de textos con los que quería dotar de cierta consistencia al blog. Está claro que no lo he conseguido ni, siendo honesto, creo que pueda lograrlo, por lo menos en una temporada. Supongo que, a veces, tomar decisiones que trastocan totalmente el modo y el ritmo de vida con el que has conseguido cierta solvencia y madurez, más que a encontrar un nuevo camino placentero inmediato, consiguen un bello y desasosegante estado de caos del que creo que estoy empezando a recuperarme en su parte de desasosiego cuanto menos, aunque tampoco podría asegurarlo mi humor cambiante.

Leo lo último que escribí y constato que en eso poco ha cambiado. Pasan los meses como si nada y nada es lo que pasa. He contactado con un par de locales para realizar una presentación informal del libro y, después de muchas y dilatadas idas y vueltas de correo, gentilmente declinan mi ofrecimiento a rellenar algún hueco por discrepancias con la política de representaciones. Yo sé a qué tipo de discrepancias se refieren aunque no lo digan abiertamente y no son artísticas. Más que desmotivarme han conseguido el efecto contrario, así que vuelvo a intentarlo con el mejor de mis ahíncos. Porque me apetece, porque creo en lo que escribo a pesar de sus taras y de sus flaquezas que no son muy diferentes a otras que concurren con mejor suerte que la mía en este mundillo en el que pesa el efecto Pigmalión más de lo que creía, porque se lo debo a Luisa aunque ya no esté y creo que merecen también ese esfuerzo las personas que me han cedido su trabajo para acompañar el mío: intentar que llegue un poco más, que se lea, se escuche y se vea un poco más. A esa obra van mis manos también ahora.

Han pasado otras cosas, por supuesto. He conseguido poner en pie, y más o menos en los plazos que había previsto, la estructura de la actividad con la que intentaré llenar la despensa y pagar las facturas -la poesía nuestra de cada día-. Ya que estamos hago un hueco para unas letras de autopublicitación justo aquí. Nunca se sabe… En el camino -que es lo que de verdad quería explicar- me he encontrado leyendo a deshoras, escribiendo muchas veces a las tres de la mañana, dándole vueltas a ideas, llenando las papeleras digitales de borradores, de dudar de casi todo, de encontrar motivos para bajarme del mundo, pero también para la confianza en uno mismo y en las personas que merecen la pena. Durmiendo poco. Es curioso cómo en ese proceso desordenado, rayano en la bipolaridad emocional, cuando más se agradecería hasta creer en una palabra manida de ánimo o de fingido interés siquiera, se aparta gente que en otro tiempo pidió ayuda y favores, incluso te reía gracias que no la tenían como una especie de no sé qué contraprestación que nunca pedí. De repente dejas de ser útil y dejas de existir, literalmente. En estos casos, la magnitud de los problemas es directamente proporcional a si los padece uno o no, everybody knows, y, amigo, “tú te lo has buscado”. Efectivamente, lo he querido así. Y me alegro. De su desaparición también.

Todo esto, que más bien puede tener un interés escaso para quien pueda leer el texto, viene a cuento porque me ha permitido explorar lugares de la imaginación que desconocía, a disfrutar de un tiempo dilatado en el que incluso he llegado a conseguir esporádicamente no hacer nada sin sentirme mal. A juntar más de sesenta poemas que he escrito más a conciencia que nunca y de los que me siento satisfecho por la forma en que he conseguido construirlos, sacando de donde no había apenas nada; a empezar a escribir los primeros textos de un delirio poético con hilo narrativo que me llena de ilusión y me hace viajar un poco cada día. Creo que he aprendido a tener menos prisa de la que tenía, a ponerle el ritmo que me apetece a lo que voy publicando, a hablar con tres gatos en la soledad casera de las mañanas. A disfrutar de lecturas nuevas, de buen cine, de fotografía inspiradora, todo en un amalgama de horarios inconexos, de una continua invitación al desorden del que creo que he conseguido extraer algo nuevo y positivo para mi forma de escribir. No sé si conseguiré rentabilizarlo en textos poéticos, si se percibe en lo que he ido publicando en los últimos meses, pero sólo el hecho de disfrutarlo ya ha merecido la pena.

Me gustaría decir que en breve podré terminar textos que tengo a medias para este blog y nuevas ideas y recomendaciones sobre poesía y poetas que tengo en mente, pero no lo sé. Será, a buen seguro, pero no sé cuándo volveré a retomar el hilo que ahora corto aquí, así, tan bruscamente.

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