Tres poemas breves para un cuento largo

POEMA DE DUCHA

 

Besarse

tus ojos y los míos -ten paciencia-

más pronto o más tarde,

por la ley que iguala el amor

y las tristezas que se vierten

por los desagües.

 

 

POEMA CIRCULAR

 

Empezar por la boca,

porque caben todas

las palabras y el silencio

de un amor.

Por la boca

terminar porque deja

el punto carnal y seguido

al texto que urge

la circunferencia.

 

 

POEMA NIMIO

 

Pequeña bella nimiedad,

tú descalza

trazando los perímetros

espirales,

los círculos concéntricos

de mis soledades.

 

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Elogio del frío

Fue hace unas semanas, quizá algún mes -el tiempo presente se me emborrona últimamente- cuando encontré en una publicación de Twitter la historia de Slava, el metereólogo ruso Viacheslav Korotki, quien realizó, durante trece años y hasta su cierre, las tareas de medición de temperaturas, lluvias y vientos en el puesto ártico de Jodovarija, justo en medio de la nada, a una hora de viaje en helicóptero del núcleo habitado más próximo.

Siento fascinación por los lugares de climas extremadamente fríos, sus espacios despoblados donde casi puedo sentir la agitación de la respiración ante las temperaturas que parecen sesgarla, la invitación a la introspección en medio de la magnitud del silencio, la densidad de las noches interminables, apreciar el calor corporal como un hogar en el que cobijarse, notar la piel en guardia sensible. Una belleza de tierra indómita que pone al ser humano en su medida primigenia, no muy diferente a la de las manadas de lobos que cruzan ese desierto blanco. Quizá sea porque nunca he tenido la oportunidad de visitar alguno de esos lugares más allá de mi imaginario y sentir sus rigores, no digamos vivir en ellos de forma continuada, pero a pequeña escala mediterránea puedo decir que encuentro un acomodo interior en los inviernos que nunca hallo en los veranos y que las imágenes que son capaces de captar esa épica gélida me sobrecogen y me emocionan con extraordinaria facilidad. Y las que acompañaban esa historia eran para dejarse llevar y encontrarse en medio de la península de Barents y estremecerse por un sentimiento de plenitud en una soledad elegida. No me costó nada postrar la mirada en las fotografías que Evgenia Arbugaeva, una joven fotógrafa nacida en Tiksi, en la zona ártica de Rusia, realizó para el diario estadounidense The New Yorker en The weather man. En el año 2015 Evgenia llegó cargada de agasajos pensando encontrar un viejo lobo huraño. Sus imágenes muestran que no era del todo así, que hay mucho más que eso tras la mirada y los espacios donde habitó Slava y lo hace con una sensibilidad excepcional para captar los elementos mínimos que ponen a trabajar a los sentidos y a la imaginación. La mía construyó una historia que atravesó la línea de mi asombro y mi curiosidad.

No pude dejar de indagar en la vida de Slava y en la fotografía de Arbugaeva. A Slava se le pierde la pista desde el mismo momento en que deja de ser noticia por esas fotografías y se quedó de nuevo a solas en su búnker cuya construcción databa de 1933. Fue finalmente cerrado y sustituido por una estación automática hace poco más de un año. De la fotógrafa me encandilaron sus series y dos de ellas especialmente, Tiksi y Forever beautiful.

Trece años viviendo en esas condiciones extremas, en ese aislamiento vital, en un proceso que debe asemejarse bastante a una aculturización o a un desaprendizaje social adquirido que a mí se me antoja cada vez más necesario. La vida de Slava podría ser el guión para una película que abordara aproximaciones más que interesantes hacia la condición humana, la propia existencia, las relaciones personales y la relación del ser humano con la naturaleza. Casado en la distancia, Slava cada vez fue soportando menos la vida urbana en las contadas ocasiones en que la frecuentaba. Me pregunto si hay amor capaz de atravesar ese abismo congelado incluso en la cercanía y sobrevivir. Tal vez el único amor que pueda hacerlo sea el amor a la libertad, porque, como la propia Arbugaeva declaró al diario estadounidense, la de Slava fue una decisión consciente, coherente con su actitud vital: “Fui con la idea de un ermitaño solitario que huyó del mundo por algún drama que vivió, pero no fue así. El hombre se pierde en la tundra, en las tormentas de nieve. Es como si él fuera el viento, o el propio tiempo”.

Puede que algún día encuentre algún libro, documental o película que narre en detalle o ponga ficción a la vida de Slava. ¿Qué será de él? Yo sólo he podido encajarlo perdiéndole el rastro en un poema de una serie todavía en construcción que quiere hablar del frío y de algunas de esas cuestiones que antes mencionaba.

Sigo sin noticias de Slava,

no contesta en el equipo de radio, ya

no escribe cartas

a veinte grados bajo cero.

Grados Celsius -aclaraba-,

para Farenheit

suma treintaidós

a nueve quintas partes de frío.

Todo puede matizarse con tiempo,

los tonos del blanco, los grados

de silencio, el murmullo

de las miradas. Tú, yo,

la existencia entera

puede laminarse hasta no ser

más que construcciones inestables

de palillos

en sus manos.

Caer

en otro día de tormenta y lobos

rondándome la carne, el tiempo

se ha muerto en esta estepa.

Viento norte, humedad

relativa en las entrañas, sigo

sin noticias de Slava.

Tengo que decírtelo o reviento,

me he bebido la aurora boreal entera

a tu salud, ya ves,

yo también te escribo

para encontrarme conmigo

a solas.

No me busques ahí cuando ya

no lo haga. Sigo sin noticias

de Slava.

Te mando un beso desesperado,

creo que no va a volver.

Su mujer tampoco

sabe nada.

Por dónde sigo

No lo sé. Hace tanto tiempo que no escribo por aquí que he perdido el hilo y el ritmo al tipo de textos con los que quería dotar de cierta consistencia al blog. Está claro que no lo he conseguido ni, siendo honesto, creo que pueda lograrlo, por lo menos en una temporada. Supongo que, a veces, tomar decisiones que trastocan totalmente el modo y el ritmo de vida con el que has conseguido cierta solvencia y madurez, más que a encontrar un nuevo camino placentero inmediato, consiguen un bello y desasosegante estado de caos del que creo que estoy empezando a recuperarme en su parte de desasosiego cuanto menos, aunque tampoco podría asegurarlo mi humor cambiante.

Leo lo último que escribí y constato que en eso poco ha cambiado. Pasan los meses como si nada y nada es lo que pasa. He contactado con un par de locales para realizar una presentación informal del libro y, después de muchas y dilatadas idas y vueltas de correo, gentilmente declinan mi ofrecimiento a rellenar algún hueco por discrepancias con la política de representaciones. Yo sé a qué tipo de discrepancias se refieren aunque no lo digan abiertamente y no son artísticas. Más que desmotivarme han conseguido el efecto contrario, así que vuelvo a intentarlo con el mejor de mis ahíncos. Porque me apetece, porque creo en lo que escribo a pesar de sus taras y de sus flaquezas que no son muy diferentes a otras que concurren con mejor suerte que la mía en este mundillo en el que pesa el efecto Pigmalión más de lo que creía, porque se lo debo a Luisa aunque ya no esté y creo que merecen también ese esfuerzo las personas que me han cedido su trabajo para acompañar el mío: intentar que llegue un poco más, que se lea, se escuche y se vea un poco más. A esa obra van mis manos también ahora.

Han pasado otras cosas, por supuesto. He conseguido poner en pie, y más o menos en los plazos que había previsto, la estructura de la actividad con la que intentaré llenar la despensa y pagar las facturas -la poesía nuestra de cada día-. Ya que estamos hago un hueco para unas letras de autopublicitación justo aquí. Nunca se sabe… En el camino -que es lo que de verdad quería explicar- me he encontrado leyendo a deshoras, escribiendo muchas veces a las tres de la mañana, dándole vueltas a ideas, llenando las papeleras digitales de borradores, de dudar de casi todo, de encontrar motivos para bajarme del mundo, pero también para la confianza en uno mismo y en las personas que merecen la pena. Durmiendo poco. Es curioso cómo en ese proceso desordenado, rayano en la bipolaridad emocional, cuando más se agradecería hasta creer en una palabra manida de ánimo o de fingido interés siquiera, se aparta gente que en otro tiempo pidió ayuda y favores, incluso te reía gracias que no la tenían como una especie de no sé qué contraprestación que nunca pedí. De repente dejas de ser útil y dejas de existir, literalmente. En estos casos, la magnitud de los problemas es directamente proporcional a si los padece uno o no, everybody knows, y, amigo, “tú te lo has buscado”. Efectivamente, lo he querido así. Y me alegro. De su desaparición también.

Todo esto, que más bien puede tener un interés escaso para quien pueda leer el texto, viene a cuento porque me ha permitido explorar lugares de la imaginación que desconocía, a disfrutar de un tiempo dilatado en el que incluso he llegado a conseguir esporádicamente no hacer nada sin sentirme mal. A juntar más de sesenta poemas que he escrito más a conciencia que nunca y de los que me siento satisfecho por la forma en que he conseguido construirlos, sacando de donde no había apenas nada; a empezar a escribir los primeros textos de un delirio poético con hilo narrativo que me llena de ilusión y me hace viajar un poco cada día. Creo que he aprendido a tener menos prisa de la que tenía, a ponerle el ritmo que me apetece a lo que voy publicando, a hablar con tres gatos en la soledad casera de las mañanas. A disfrutar de lecturas nuevas, de buen cine, de fotografía inspiradora, todo en un amalgama de horarios inconexos, de una continua invitación al desorden del que creo que he conseguido extraer algo nuevo y positivo para mi forma de escribir. No sé si conseguiré rentabilizarlo en textos poéticos, si se percibe en lo que he ido publicando en los últimos meses, pero sólo el hecho de disfrutarlo ya ha merecido la pena.

Me gustaría decir que en breve podré terminar textos que tengo a medias para este blog y nuevas ideas y recomendaciones sobre poesía y poetas que tengo en mente, pero no lo sé. Será, a buen seguro, pero no sé cuándo volveré a retomar el hilo que ahora corto aquí, así, tan bruscamente.

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