Principios finales (un inciso)

Seguramente no tiene gran importancia, pero la verdad es que llevo días queriendo explicar un poco el libro que he publicado recientemente. Suelo tener una capacidad de abstracción suficiente como para ignorar deliberadamente lo que considero ruido molesto, vociferío que no me aporta absolutamente nada para llevar a cabo lo que sí me llena. Hace mucho tiempo que dejé de ver televisión y soy muy selectivo a la hora de leer las noticias. Pero abstraerse de la “realidad” estos días, más si vives en Catalunya, es tarea muy complicada.

Además, si estás, como yo, triste e indignado por la violencia -física, verbal y psicológica-  y en tierra de nadie en cuanto a banderas, lo tienes aún peor, porque te fallan esos argumentos clarividentes que parecen tener los que abrazan cualquiera de las que hay en liza y sólo quieres que se obre una especie de milagro y que dos energúmenos absolutamente irresponsables tengan la osadía de sentarse a hablar frente a frente en vez de andar arengando a las masas. Algo que, a priori, debería corresponder bastante con una de las funciones que les asigna el cargo por el que se les paga.

No quiero hablar de política. No porque no quiera posicionarme. La tengo -la posición- y creo que es sólida. Si me preguntan no tengo inconveniente en contestar y se puede deducir fácilmente lo que pienso por lo que escribo. Simplemente creo que lo que pueda pensar yo es absolutamente irrelevante y que el enfrentamiento visceral es algo que se tiene que mantener alejado de la creación. De todo en la vida, en realidad.

Pero lo cierto es que al acompañar a mi hija al colegio, por ejemplo, en el supermercado, en el centro cultural, donde sea que te cruces con gente, encuentras ese disimulo que prueba a vivir como si no pasara nada. Aun así las muecas nerviosas no se ocultan fácilmente y en el fondo todo el mundo parece inferir un posicionamiento respecto al tema o monotema que nos ocupa ya hasta el hartazgo. Y lo que es peor, en los ojos, en las palabras se empieza a vislumbrar el vértigo del desenlace, el poso de lo que quedará que, visto el desarrollo de los acontecimientos pinta un boceto nada halagüeño, uno de esos para volver a darle la razón a Gil de Biedma cuando definió la historia de España como “la más triste de todas porque siempre acaba mal”.

Esperemos que yerre la sentencia del gran poeta. Todo esto para decir que no es fácil concentrarse así, que un día de estos desgranaré un poco el libro. El por qué, si es que hay que buscar alguno, el cómo y el anhelo. Cuando sienta que la poesía tiene el camino despejado en esta maraña. Mientras tanto dejo una muestra de lo que se puede encontrar en Principios finales, que se puede comprar aquí y que dice cosas así:

Principios finales 001 from Arsaediciones on Vimeo.

 

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