Tricromía de un final: 2.Carta (blanco)

No serás tú la que atraviesa el paisaje nevado. No serás tú, oculta bajo un grueso abrigo y un gorro de lana estampado con motivos invernales, esas estrellas blancas y rojas sobre un fondo negro, una noche imposible. No serás tú la que caminas redoblando el rastro de pisadas sobre la nieve recién caída, dibujando un sendero de sentido obligado, que invita a su seguimiento sobre el frío, que buscan la calidez de algún destino a cubierto, un hogar, unos brazos o su ausencia paliada por el líquido humeante. No serás tú pero sí es tu frío éste que me invade y paraliza aquí sentado, tu frío último y definitivo, el que toqué aquella tarde -o aún no era mediodía-, después de aquella noche -o ya era madrugada-. Qué difuso se hace todo en la memoria cuando ya no es. Y no serás tú. Si lo fueras no seguirías ningún trazado dirigido por pisadas precedidas, tomarías la dirección perpendicular hacia el banco donde me encuentro como una estatua más de este parque, gélida e hierática. Si lo fueras me reprenderías con la amplitud hipnótica de tu boca: -¡Eh, tú! ¿Qué haces aquí? Apartarías la escarcha de mi rostro con tus manos cálidas -no eran tus manos ya aquella tarde- y acercarías los labios con la decisión con la que te acercaste aquella noche. Si lo fueras notaría esos labios apretándose en mis labios en la desesperación que prosigue al deseo -o tal vez la preceda, nunca lo he sabido del todo-. Si lo fueras ter reirías de mi estúpido estado y encontrarías la broma o el chiste para hacerme saltar. Y mi gesto hierático se desmoronaría al instante y caerían mi bolígrafo y mi cuadernillo para hundirse en la nieve y mojar y deshacer las palabras que voy escribiendo y que te van pensando en un mundo imposible, que te van dibujando y, por tanto, recordando de un modo parcial y, por tanto, olvidando un poco, que te van llorando… Y también riendo y amando, y también odiando en una rabia y en una alegría que no me deja desgajarme ni componerme del todo. Si fueras tú, si lo fueras no permitirías ni uno sólo de los por qué que he escrito, porque tu respuesta ya estaba escrita y dicha de antemano. No me engañaste ni me engañarías nunca y yo acepté el final, el resultado, la consecuencia de tu deseo y tu voluntad, aunque ahora me de cuenta que no lo acepté realmente, que no estaría aquí sentado, muerto de frío y de nostalgia y de llanto si lo hubiera hecho. Intento hacerlo ahora, lleno de la ausencia que habitas y que, aunque no creas, me reconforta -debe ser como el recuerdo o el líquido humeante que calienta el cuerpo helado-. Intento hacerlo buscando un paisaje vacío mientras desaparece de mi encuadre una mujer que no serás tú. Un paisaje blanco y solitario -ya pasó la presencia tras los pasos dirigidos- donde todo está por escribir y dibujar, donde reine tu ausencia entre las ausencias y seas un espectro sin forma ni color -o tal vez blanco, confundida en la nieve-. O tal vez sólo espere encontrar el rojo último con el que te cubrí -aquí lo vería bien-. Pero no serás tú o no, serás tú, aunque ya no seas.

  David%20S%C3%A1nchez

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