Silencio

Allí encuentro las palabras cuando me faltan, cuando el pensamiento entra en barbecho emocional, en un secarral de ideas. El espacio donde labrar, donde abonar a la espera del fruto, no en actitud contemplativa sino en labor que más se pareciera a la del artesano rodeado de mimbres y alambres, componiendo cestillos de usos impredecibles. Allí me refugio cuando los días no son mas que un ruido agrio de palabras sin sentido. No tendemos a soportar los silencios porque en realidad no nos soportamos a nosotros mismos. Tendemos a taparnos tras frases banales que se han ido haciendo huecas con el tiempo, como gruesos ropajes o como una coraza que pusiera distancia y nos alejara de nuestro centro y pudiera transformarnos en otro pretendido. Hablar, hablar para distraer el tiempo, para llenar el espacio y no sentirnos solos, hablar y hablar diciendo muy poco o diciendo nada. Sólo así se puede entender que suenen fanfarrias vacuas a todas horas, las noticias repetidas, los medios idiotizantes con sus farándulas de famosillos del tres al cuarto, con sus tertulianos verborrágicos, sus réplicas en las calles… Palabras, frases dichas como pésames de los no allegados al difunto en los velatorios.
Por eso en el silencio suelo encontrarme con mis reflexiones y mis vaivenes emocionales a solas, como en esta mañana en que la luz se atisba tras una niebla espesa y durmiente en la que me encuentro examinando mi forma de hacer en este mundo posible, tratando de llevarlo al mundo idílico que anhelo y al que siempre puedo acudir al refugio de los días en que no consigo ser. Allí se mezclan los dos en una colisión perfecta y no dolorosa en la que todo puede suceder, como en un sueño. De allí, convertido en breve ermitaño apartado del mundo, saco el sosiego, pero también la pasión y el amor que necesito para construir mi mundo, para encajarme en los días por venir sintiéndome pleno, como en esta mañana de niebla abundante y pastosa en que se recorta la silueta de mi gato sentado sobre un muro, atento al pasar de la nada, quizá como yo, recogido en sí mismo. No quiero molestar. Silencio. Ya me callo.

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