La maldición china

Hay frases que quedan grabadas en algún punto del cerebro que siempre queda accesible al pensamiento y activan no se qué reacción neuronal que hace volver al momento exacto en que se dijo. Con lo que ello conlleva. A veces traen una carga de rebeldía frente al momento original. Durante mucho tiempo tuve que lavar los cubiertos en grupos y a la vez porque una persona me dijo que lo peor de lavar la vajilla eran los cubiertos, que se tenían que lavar de uno en uno. Aún ahora, que tengo la suerte de poder utilizar esa máquina de origen divino llamada lavavajillas, tengo la necesidad de colocar los cubiertos a puñados para que un diablillo socarrón que pasea por los pliegues de mi materia gris carcajee que también se pueden lavar de golpe.
Otras veces quedan en ese punto, siempre presentes, pero adormecidas hasta que encuentran el momento de cobrar sentido. Recuerdo perfectamente, como si estuviera ahora mismo sentado en las frias aulas de la entonces Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Autónoma de Barcelona, el momento en que el profesor Miquel Rodrigo dijo que había una maldición china que decía: “Te deseo que vivas una época interesante”. Nunca me he preocupado de verificar si esa era una maldición realmente existente en la tradición china (parece ser que sí y que incluso hay una película sobre la misma), ni tampoco aquel profesor dijo alguna cosa más digna de recordarse en todo el curso, pero lo cierto es que esa frase, más que nunca cobra sentido para mí en estos tiempos en que se tambalean muchas de las estructuras del mundo conocido.
Vivimos con el pesar de la maldición, del mal de ojo, de las colas del paro, de la pobreza, del pingüe valor de la vida. Crisis política, crisis económica, crisis de valores. Pero crisis es cambio, alteración en la estructura de algo conocido cuyas consecuencias tienen factores impredecibles. Seguimos soñando con volver a la situación de cuatro o cinco años atrás, pero cuanto antes tomemos conciencia de que el mundo conocido nunca ya volverá a ser como antes, más rápido podremos asumir que también está en nuestras manos el poder decir muchas cosas sobre cómo queremos que sea este mundo cambiado.
Las épocas “interesantes” tienen el inconveniente de la inestabilidad para una humanidad que hace muchos siglos dejó de ser nómada de una realidad cambiante. Pero en el fondo sabemos que estamos abocados al cambio porque la estructura capitalista del consumo desmedido siempre beneficiosa para una minoría está esquilmando los recursos del planeta y lo poco que nos queda de dignidad humana. Podemos alargar la agonía (muchos ya lo intentan) o agarrarnos con fuerza a la oportunidad que nos trae la maldición china: la de construir nuestro propio futuro.

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